De visita en el stream de El Diario Sur, fue contundente al precisar cómo atraviesa estas semanas entre aquel logro de noviembre para posarse en lo más alto de las estadísticas a nivel junior y la expectativa por lo que será el itinerario de adultos a partir de abril. «Todavía no caigo, no dimensiono todo lo que gané este año que pasó», sentenció.
Satisfecho su performance, no se amilana y se enfoca en varios certámenes que se avecinan en el calendario, en especial el Panamericano que se desarrollará en Capital Federal, principal objetivo en el horizonte, más allá de lamentar no poder ser parte del Mundial que se afrontará en China para los juveniles, justo cuando él cruce las barrera hacia la mayoría de edad.
«Yo estoy confiado, hay que entrenar mucho más, siempre está la posibilidad de la derrota», señaló al referirse a lo que tiene por delante, entendiendo que habrá desafíos mayúsculos que no resultarán sencillo de superar, dado el cambio de divisional. «Yo cuando estoy en acción pienso en el momento en los movimientos que hace el otro para así contraatacar, sólo estoy concentrado en la pelea», afirmó. Y sumó: «Lo fundamental es tener la cabeza fría. Durante la pelea no me enojo, eso es más en los entrenamientos».
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Enseñanzas del profesor en Defensores de Banfield
Las prácticas las desarrolla junto a su profesor Diego González, también lomense, ambos en Defensores de Banfield. El entrenador, que también lo acompañó en los estudios, valoró el crecimiento del joven y se mentaliza para las metas que siguen en su derrotero. «Valen es muy temperamental, emocional, se calienta rápido en la práctica, y hay que llevarlo eso, porque hay que guiarlo», recalcó. Y añadió: «Cuando algo no se da no es por mala intención. Hay que mostrarle el camino de a poco, no todo es inmediato, yo mismo no domino todo lo que hay. Hay una espera, un procedimiento». La referencia es para su experiencia, que lo tuvo al DT recientemente compitiendo en China, donde se llevó alguna medalla y mucho reconocimiento de colegas de distintas partes del mundo.
En tanto, puntualizó en los valores de su discípulo. «Es importante el temple con el que cuenta. Tiene mucha garra, va al frente. Y eso es algo personal, que está con él. Eso, con una buena guía, es fundamental», completó.
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Valentín comenzó con el wushu kung fu a los 13 años, bajo la órbita de Sanda, la categoría de combate. Aunque al principio muy convencido no estaba. «Primero hice taekwondo, y yo quería algo más de explosividad. En Defe hacía natación. Pero cuando arranqué en kung fu no me gustaba mucho la parte de las piñas. Después, con experiencia, siendo sparring, se me fue el miedo», comentó al rememorar aquellos momentos iniciales en la disciplina. Tal fue el crecimiento que en los últimos tiempos recibió reconocimiento de varias partes: «A mi me gustaba hacer acrobacias pero no la pelea. Pero me empezaron a decir que tenía la mano pesada, que era rápido, y me fui formando con el correr del tiempo».
La familia, un pilar
Por último, valoró el acompañamiento de la familia y amigos. «La verdad que es algo muy importante. Y con esto del título mucha gente me saluda y no lo puedo creer», sentenció.
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Ahora, por lo pronto, piensa en lo que sigue, con la expectativa de revalidar credenciales. Así es como avanza con ensayos tanto en Defensores de Banfield como en el Parque de Lomas, dos de los lugares que cobija a la agrupación Viento que Fluye, que conduce Diego, su entrenador. El otro, en tanto, es el Club Ituzaingó, en Temperley, a donde, como al resto, asisten muchos chicos con ganas de crecer en las artes marciales.


